Cultura

Jun 01, 2020 03:58:13       214        0

Las siete décadas y media de Bruno Estañol

Aniversario

 

Por Cristóbal Torres

[Hace 75 años en un día como hoy ?28 de mayo? nació, en Tabasco, Bruno Estañol, que con los años elegiría el oficio de escritor. Celebramos con él su aventura literaria…]

 

Aceptar la vida tal como es

México, 28 de mayo (Notimex).— Bruno Estañol (Frontera, Tabasco, 1945) ha entregado los últimos 40 años de su vida a la narración fantástica, lo que le ha permitido desarrollar no sólo un enorme acervo de referencias literarias sino una empatía muy aventajada:
      —La empatía es fundamental en el oficio del narrador. Te tienes que poner en los pantalones de un niño, de un adolescente, de una mujer, de un viejo, de la gente desprotegida. De lo que tú escribas tienes que ver cómo piensa y siente esa persona.
      Bruno Estañol explica que el escritor debe tener la habilidad de conocer a la gente y aceptar la vida como es:
      —Si uno escribe con ideas preconcebidas o si vas a usar la literatura de una manera panfletaria, de una manera para hacer propaganda, estás condenado al fracaso.
      Su vida literaria comenzó de muy joven, en su primera infancia, cuando se entregó a la lectura de manera casi obsesiva; sin embargo, no fue sino hasta los 17 años de edad cuando se dio cuenta que tenía la habilidad para escribir.
      —A esa edad participé en un concurso de cuento en la revista Punto de Partida y ahí gané mi primer premio literario. Yo era estudiante de medicina.
      Pero la vida lo llevó por otros rumbos. Se dedicó a la neurología y se fue a vivir seis años a Estados Unidos, periodo en el que hizo a un lado sus aspiraciones literarias, aunque siguió leyendo. Se interesó por la literatura inglesa, más que la norteamericana. Fue hasta los 35 años cuando una circunstancia finalmente le permitió entregarse a lo que considera su vocación:
      —Siempre he sido un gran lector. Realmente mi vocación literaria como tal yo la acepté a mis 35 años. Es cuando empecé a escribir ya, digamos, formal y regularmente. Esto fue debido a una enfermedad: estaba convaleciente y no podía trabajar. Es como el encierro de ahora. Entonces me dediqué a tocar el piano y a escribir.
      Pero una cosa es tener la vocación y otra aceptarla, dice Bruno Estañol:
      —Sobre eso se ha escrito poco. Hay mucha gente que no acepta su vocación porque piensa: “¿Por qué me voy a dedicar a escribir si eso no deja? Mejor me dedico a otra cosa que me deje más dinero”.

 

                        Bruno Estañol a los 35 años (saco claro) con el patólogo Jorge Fernández Diez 

 

El talento latente de todos

Su formación académica y su voracidad lectora le permiten tener un amplio espectro de referencias. Menciona al biólogo Gerald M. Edelman y su libro, Bright Air, Brilliant Fire, donde plantea la teoría de la selección neuronal que, de acuerdo a ella, todos los seres humanos nacen con circuitos neuronales para realizar diversas actividades:
      —Pero uno tiene que estar expuesto a muchos estímulos de diversos tipos para realmente poder desarrollarlos. Si tú naces con un circuito bueno para la música, por ejemplo, pero no te expones a ella (a la música), entonces puedes perder esa oportunidad.
      No hay duda de que uno puede nacer “con cierto talento”:
      —Sin embargo si no lo ensayas, si no lo trabajas, en la música, o en la literatura, o en todas las artes, si no lo trabajas a diario entonces se pierde. Mucha gente que nace con la habilidad musical, por ejemplo, pierde la oportunidad. Por eso tenemos que exponer a los niños a la mayor cantidad de experiencias de todo tipo: intelectuales, cognitivas, artísticas… para ver cuál es la que les gusta…
      —Si hay una oportunidad latente de desarrollar el talento, ¿por qué son pocas las personas con ese temperamento artístico?
      —Quizá no son pocas, ¡eh! Quizá todos nacemos con el temperamento artístico, pero lo perdemos a lo largo de la educación que nos dan. Como todos recibimos la misma educación, entonces no todos tenemos la fortuna de Bertrand Russell, quien fue educado en su casa; seguramente sus tutores vieron qué le gustaba. ¡Fue un matemático y ganó el Premio Nobel de Literatura!

 

La llama viva de la lectura

Bruno Estañol considera que a partir de los 18 años, cuando se va dejando la adolescencia y se ingresa a una carrera, el cerebro “ya está muy amoldado”. Sin embargo, asegura que hay personas que mantienen su temperamento artístico:
      —El temperamento artístico no es otra cosa que ser niño y adolescente durante toda la vida. No dejarse quebrar por una educación burguesa que acabe con todos tus deseos para dedicarte a lo que todos se dedican: hacer una familia, ganar dinero, tener una casa.
      —¿Qué le ha permitido mantener vivo ese juvenil fuego sagrado?
      Ríe el escritor. Luego, responde:
      —No lo considero sagrado, pero pienso que lo que mantuvo mi llama viva fue la lectura. He estado leyendo toda mi vida. Los libros que me han gustado siempre han sido novelas, cuentos, poesía y ensayos. He sido un gran lector de ensayos. El ensayo me gusta mucho. Creo que lo que me mantuvo así fue la lectura. Si no hubiera sido lector, creo que habría abandonado toda esperanza de ser escritor.

 

 

                        Biólogo Gerarld M. Edelman

 

Perseguir dos liebres a la vez

Este 28 de mayo Bruno Estañol cumple 75 años de vida y cuatro décadas de escritor. En ese periodo el autor se reconoce como un lector maduro:
      —Cuando veo un texto, me interesan otras cosas: cómo fue escrito, qué estructura tiene, el punto de vista de quien lo narra, desde dónde lo hace. Eso ya es una deformación profesional, pero sigo disfrutando la lectura igual que cuando era un niño.
      Asegura que los últimos 40 años los ha pasado leyendo y escribiendo. Una de sus principales reflexiones es el contraste entre la juventud y la madurez en el terreno de las posibilidades y las decisiones:
      —Cuando uno es joven tiene posibilidades múltiples… y así te vas constriñendo. Søren Kierkegaard escribió el libro O lo uno o lo otro; es decir, si eliges un camino, ya no eliges otro;  pero hay algunos que tienen talento para muchas cosas… aunque son pocos.
      Uno de los pensamientos más recurrentes de Bruno Estañol es analizar qué es lo que ha hecho, si sus decisiones se compaginan con lo que él quería; pero también reflexionar sobre lo que no ha vivido:
      —De hecho, así se llama el más reciente libro de ficción que he publicado: Lo no vivido. Tiene pinturas de Carlos Pellicer López; pero desafortunadamente, por la contingencia, no ha podido ser distribuido. Cuando eres ya un hombre maduro, te preguntas: esto que hice, ¿es lo que yo quería? Y yo contesto categóricamente: ¡sí, estoy muy contento de haber dedicado mi vida a la escritura creativa!
      —¿Y qué es lo que no ha vivido?
      —A mí me hubiera gustado tener otras carreras. La que más me hubiese gustado es la de haber sido músico, ser pianista. Eso me hubiera dado un gran placer. Yo escogí la literatura por placer, por gusto, por interés y por eso he sido un poco malo para promover mi propia obra. He tratado otras artes, como tocar el piano, o pintar, pero realmente muy poco. Me he concentrado en mi trabajo de escritor, que lo siento difícil y complicado… y más combinarlo con ser médico. Dijo Antón Chéjov que ser médico y ser escritor era como perseguir dos liebres a la vez.

 

El confinamiento: un ocio interesante

Bruno Estañol está seguro de que el talento y la creatividad no están supeditados a la edad, aunque saca a colación a otro investigador: Howard Gardner, autor de la teoría de las inteligencias múltiples, quien establece que se necesitan diez años para perfeccionar un oficio y poder producir algo. Estima que puede haber gente que se tarde menos, pero eso explica que narradores como Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez o Juan Rulfo sean autores tardíos.
      Basado en esa división de diez años, el escritor y neurólogo recapitula su vida dividiéndola en los momentos que han significado un cambio drástico en su experiencia vital:
      —Considero que he sufrido varios cambios: uno, a mis 15 años, cuando entré a la preparatoria; otro, a los 25 años, cuando escogí ser neurólogo; otro, a los 35 años, cuando decidí ser escritor. Desde entonces he escrito lo mismo: cuento, novela y ensayo. Aunque he escrito poesía, no me considero poeta.
      —¿Cómo festejará su cumpleaños?
      —Encerrado. He pensado que mucha gente, durante el confinamiento, ha producido muchas cosas. Boecio fue un romano que lo metieron preso y le dijeron que en un año lo iban a ejecutar… y ahí compuso su libro Consolación de la filosofía. Yo lo veo así: estar confinado es un ocio muy interesante. Creo que la ociosidad es muy importante para un escritor.

                        Escritor confinado con gato