Internacional

Jun 04, 2020 21:46:42       135        0

Contrastes en manifestación por Floyd frente a embajada de EUA en México

por Samuel Cortés Hamdan 

México, 4 Jun (Notimex).- Son las siete de la noche, la cita es dentro de una hora, pero la policía de la Ciudad de México ya trabaja en poner barricadas en torno a la embajada de Estados Unidos, localizada en Paseo de la Reforma, una de las avenidas más privilegiadas de la ciudad.

Aunque los armatostes de seguridad son de metal sólido, los trabajadores descargan las mamparas y martillan sin demasiada prisa, aunque constantes: tal vez previenen una expresión violenta de repudio contra el asesinato de George Floyd, perpetrado por la policía de Minneapolis el 25 de mayo. Tal vez, pero no se apuran.

Los manifestantes comienzan a congregarse: la convocatoria pide vestir negro, portar velas y flores para alzar la consigna que ha sacudido a diversas ciudades de Estados Unidos desde el hecho represivo: Black lives matter.

No obstante, la mayoría de los manifestantes son blancos, estadounidenses residentes en México que van organizándose mientras un artesano originario de Puebla les pide una moneda. Rechazan la invitación y aceleran el paso.

Más adelante, una fotógrafa rubia intenta captar a una pareja de manifestantes con pancartas y flores, pero toma paciencia: requiere que el empleado de limpieza del gobierno capitalino salga de su encuadre, el amarillo fluorescente de su uniforme de trabajo contrasta con las ropas negras de la manifestación.

Encima de una de las bancas de concreto de Reforma, los convocantes improvisan un altar a Floyd con una ilustración de la víctima y veladoras.

"No puedo respirar", dice una pancarta adherida a la banca, una de las últimas frases que emitió Floyd mientras un policía lo sometía con la rodilla en su cuello.

Hay una manifestante que se acompaña de su perro. Un ciclista moreno, ajeno a la emotividad del momento, pasa timbrando su campana para exigir el paso, camarógrafos de equipo de calidad cinematográfica siguen los pasos de la protesta. Los congregados ocupan el carril sur del Paseo y obligan a la policía capitalina a desviar el tránsito. 

Dos escritores neoyorquinos piden que la protesta también piense en las víctimas de las violencias en México y no dudan: Donald Trump ha jodido las cosas, declaran en conversación con Notimex.

Los manifestantes toman la palabra con megáfono y las cosas mejoran, el discurso merece: se reúnen contra la opresión histórica, la violación originaria, la colonialidad del poder, que define que el hombre blanco empresarial vale más que el niño, el migrante, la mujer, el homosexual, la mujer trans, que define quién es inteligente y merece ser escuchado. 

El racismo forma parte de la definición institucional de Estados Unidos, acusan, y casi 100 personas afroamericanas han sido asesinadas por la policía desde 2014. 

Uno de ellos interpela a los blancos: agradece la solidaridad, pero llama a concientizar el privilegio y a voltear a ver a las víctimas cercanas. 

Protestan por los racismos más cotidianos y las violencias más estructurales, explican.

Las cosas concluyen con un acto simbólico: desde el megáfono piden a los asistentes posar la rodilla en el suelo durante casi 9 minutos, el tiempo que Floyd fue sometido, y guardar silencio. 

Momento emotivo, respetuoso, en el que se lee en voz alta los nombres de las víctimas desde 2014. 

Sin justicia no hay paz, gritan los manifestantes en inglés para romper el silencio. 

La protesta comienza a disolverse. Algunos cruzan la avenida y colocan sus pancartas en las vallas de seguridad de la embajada: "Alto al racismo en EU y México". 

Comienzan las risas, la charla informal. Dos niños que a las nueve de la noche están trabajando acompañados de una adulta que empuja un carrito con dulces, galletas, gomitas para vender algo, gritan: "Cigarros, cigarros", se distraen del pregón y juegan con su perrito. 

-Fin de nota-