Fotorreportaje

15_06_2019_Migrantes a la espera de visa humanitaria en Chiapas

«¿Tú crees que yo tenga oportunidad aquí?», es la pregunta que un profesor haitiano hace a quien no hace más que mirar. Son unos cuantos los que conocen la lengua, pero todos los que logran hacerse entender con las primeras palabras que conocen en español: «Amigo» y «Gracias por todo».

Un manojo de fonemas vocálicos –apenas se puede sondear por quienes habitan de forma momentánea en los barrios “24 de Diciembre” y “Nueva esperanza” en Tapachula, Chiapas– comunicando el inicio de lo que, quizás, sea su nueva lengua.

Antes de embarcarse de nuevo en su trayecto, las personas se instalan en esos dos barrios donde cocinan una comida que, de golpe, les parece demasiado extraña y a la cual añaden y prefieren las especias que tienen a la mano: ajo y pimienta.

La respuesta de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados respecto al estatus legal de cada uno de los que cruzan sobre balsas, la frontera de México con Guatemala por el río Suchiate se queda en pausa los fines de semana; en cambio, se encienden en los establecimientos de cerveza lo único que, súbitamente, los unifica a todos.

No es sólo la música lo que se escucha entre ambos barrios de haitianos y africanos, sino también el rumor de un transporte que promete el cruce de un sólo viaje por un país tan extraño que, al mismo tiempo, los acepta y los repele; una ruta Tapachula-Tijuana que, en apariencia, está diseñada para evadir las vejaciones de una temida «Bestia» que los acercará a su meta final: la búsqueda de asilo en el país que, incluso en México, permanece como sueño.


Foto Javier Lira

Texto: Constanza Mazzotti